jueves, 10 de mayo de 2012

La Loma de Tahura, 4.000 años de Historia


La Loma (Illora, Granada). 
Un yacimiento de fosas del VI-IV milenios antes de cristo recoge los resultados de la investigación en este yacimiento arqueológico en el marco de las intervenciones realizadas por los trabajos de construcción de la línea ferroviaria del AVE Bobadilla-Granada. El movimiento de tierras relacionado con la construcción del trazado del tren permitió documentar varias estructuras en negativo excavadas en el substrato geológico y colmatadas por diferentes unidades sedimentarias que contenían materiales arqueológicos.
La Loma, situado en plena Vega de Granada en la pedanía de Alomartes (Íllora), sigue el patrón clásico de los yacimientos de fosas de forma acampanada que tan característicos son del suroeste peninsular y que en la Vega de Granada eran prácticamente desconocidos. Las dataciones radiométricas sitúan la construcción y uso de la mayoría de las estructuras negativas conocidas en dos intervalos 4300-4000 y 3600-3200 cal BC, a lo que habría que sumar los materiales y cronología que retrotraen el yacimiento a la segunda mitad del VI milenio cal BC.
A pesar de la amplitud temporal, el tipo de materiales documentados en el interior de estas estructuras es altamente recurrente. En todos los casos se trata de vasijas cerámicas muy fragmentadas e industria lítica pulimentada, siendo escasos los útiles en sílex tallado y excepcionales los restos de malacofauna. Los conjuntos cerámicos aparecen formados por vasijas que por sus características formales y tecnológicas se puede relacionar con el almacenaje y transporte de determinados productos. Especialmente llamativas son las cerámicas de dimensiones excepcionales y de enorme capacidad, según los cálculos volumétricos realizados.
Por su parte, los conjuntos líticos poseen una relación directa con el mantenimiento y manufactura de otros instrumentos (afiladores, pulidores, percutores o bujardas) y muy especialmente con actividades que implican la abrasión, golpeo y/o triturado (molinos, morteros, percutores, manos de moler y martillos). Son, por tanto, frecuentes las herramientas relacionas con la molturación de diferentes materiales entre los que han sido identificados minerales de ocre y cereales. El análisis de huellas de uso y de fitolitos, adheridos a las superficies activas de varias muestras de molinos, sitúa al procesado de cereales entre las principales actividades.
Uno de los debates tradicionales sobre este tipo de yacimientos está relacionado con la funcionalidad de las estructuras negativas.Las alternativas barajadas pasan fundamentalmente por su consideración como fondos de cabaña o silos de almacenamiento cuya amortización se realizaría con diferentes tipos de desechos o basuras, adquiriendo de esta forma el aspecto final observado en las intervenciones arqueológicas. La Loma, sin embargo, presenta diferentes patrones y asociaciones recurrentes que permiten platear una visión diferente a las tradicionalmente aceptadas.
La Loma presenta algunas singularidades relacionadas con el tipo de depósitos y materiales que colmatan las diferentes estructuras negativas. En todos los casos, los tipos de matrices son muy homogéneas siendo el principal criterio de diferenciación estratigráfica el tamaño, naturaleza y sobre todo la densidad de inclusiones que se concentran especialmente en la base de las estructuras. Esta uniformidad permite plantear un tipo de deposición rápida, lo que sería consistente con la excelente conservación de las estructuras. Además, el tipo y características de las evidencias artefactuales se repite en todas las estructuras negativas. Se trata de materiales muy fragmentados, en avanzado estado de uso, con reiteradas evidencias de reciclado, con un alto grado de alteración térmica y en donde, a excepción de la malacofauna, los elementos de naturaleza orgánica están ausentes.
Todas estas características nos sitúan ante una conducta deposicional que puede ser definida como deliberada y estructurada. Así, las fosas formarían parte de la manera específica en que estas sociedades se relacionan con su materialidad; de un modelo de racionalidad propio que determina prácticas de deposición condicionadas por los significados particulares de los objetos materiales implicados. En este sentido, destaca la selección de aquellos elementos conectados con el almacenaje, transporte y molturación, lo que supondría que los grupos sociales de La Loma conceden un especial valor a los materiales relacionados con determinadas actividades, donde el cultivo y procesado de los cereales parece ocupar un lugar relevante. Las prácticas de deposición de determinados objetos supondría una nueva etapa en el ciclo vital, en la biografía y significados de estos materiales, una particular forma de comprensión de la realidad, de las relaciones sociales y de las comunidades con su entorno que nada tiene que ver con el concepto de basura con el que tradicionalmente se han considerado a estos depósitos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario